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Mi primera entrada de blog

El mundo

Un microrelato de El libro de los abrazos de Eduardo Galeano, para llevar a todas partes.

Al ir por el mundo nos encontramos con un mar de fueguitos, personas que van de aquí para allá tratando de encender el mundo, de darle luz… algunos desfallecemos en ese propósito, llega un momento en que nos apagamos porque estamos cansados. Pasa también que nos apagan, de manera súbita, con violencia, posiblemente porque nuestro fuego resultaba insoportable.

Mientras podamos, encendamos tantas vidas como podamos, porque si hay luz, si hay fuegos que arden, la búsqueda eterna de la belleza será más llevadera.

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.
Y dijo que somos un mar de fueguitos.


-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.


No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende». 

El libro de los abrazos. Eduardo Galeano.

La Revolución de los Paraguas, acción colectiva y ciudadanías comunicativas

1.Introducción

La Revolución de los Paraguas en Hong Kong surge específicamente a mediados del 2014, con una duración de 79 días de toma del espacio público y específicamente del centro de Hong Kong, un espacio ligado al comercio y a la banca, lo que hizo altamente visible la movilización.

Esta revolución surge como consecuencia de la coyuntura política de la República Popular de China, donde a partir de una modificación en las leyes, se pretendía establecer un mayor control sobre las elecciones democráticas en Hong Kong programadas para el 2017, lo que afectaba de cierta manera las libertades civiles y el camino de esta región china a convertirse en una verdadera democracia. Esta situación es especialmente importante si reconocemos que en China existe un tratado llamado Un país, dos sistemas, que se traduce en la coexistencia de dos sistemas económicos y políticos en diferentes zonas del país, específicamente en Hong Kong y Macao, originalmente colonias británicas, las cuales, tras el tratado firmado en 1997, pasan a hacer parte de la República Popular China, pero permitiendo que estas dos regiones del país continuaran con una sistema capitalista y con cierta autonomía en comparación a otras regiones de China por 50 años más. Según explica el profesor Camilo Pérez, coordinador académico del Centro de Estudios Asia Pacífico de la Universidad EAFIT, Hong Kong puede entenderse desde el contexto chino como una región administrativa especial, que por sus características se convirtió en una oportunidad para el fortalecimiento económico del país y la consolidación de Hong Kong como un gran centro financiero, epicentro para que empresas extranjeras pudieran ingresar al mercado chino (Zuluaga, 2014).

Dicha autonomía se vería reflejada en acciones, por ejemplo, como la posibilidad de elegir por voto popular al Jefe Ejecutivo, máxima autoridad gubernamental de Hong Kong, sin embargo esta posibilidad no sucede todavía. Pekín ha elegido en realidad a cada uno de los tres jefes ejecutivos que se han tenido hasta ahora, lo que significa que este le debe lealtad a Pekín y no a la gente de Hong Kong. En tal caso, el punto central de la acción colectiva surgida en Hong Kong es la exigencia de una democracia real, a partir de la emergencia de una oportunidad política, la modificación de las leyes para el gobierno central tener mayor control sobre la elección del Jefe Ejecutivo.

Es importante antes de continuar, reconocer cuáles fueron las oportunidades políticas que llevaron a la emergencia de la Revolución de los Paraguas. Para hacerlo, se presentan a continuación una serie de episodios que son importantes y que permiten comprender con mayor claridad, lo que incluso hoy en día sigue ocurriendo y teniendo efectos directos en la política china.

La primera oportunidad política que se pudo detectar fue en el 2012, cuando la República Popular China propone una reforma nacional educativa que se pretende implementar en Hong Kong. A la luz de expertos y del movimiento que surgió en su momento, este nuevo plan de estudios se enfocó en el nacionalismo para Hong Kong: “primero y ante todo, debes apoyar a tu país y el país es el partido comunista. La gente joven de Hong Kong al ver ese plan, empezó a reaccionar frente a él” (Piscatella, 2017). Esta situación lleva a la emergencia de un líder que se convierte en el rostro visible tanto del movimiento estudiantil, Escolarismo, como de la Revolución de los Paraguas, Joshua Wong.

Escolarismo es un movimiento de estudiantes de secundaria, cuyo líder fundador fue Joshua Wong, un joven de 14 años para el 2012 que invita a la movilización estudiantil para hacer frente a los planes del gobierno de ejercer control en Hong Kong, a partir de la implementación de la educación nacional. Este movimiento surge en función de defender la libertad de ideas y de expresión. Finalmente, luego de las exigencias estudiantiles, el gobierno logra retirar la implementación de la reforma educativa en Hong Kong.

La siguiente oportunidad política identificada surge en el 2013, cuando el  profesor Benny Tai escribe un influyente editorial pidiendo sufragio universal en Hong Kong. Esta situación en particular se da justamente luego de que Xi Jiping fuera elegido presidente de la República Popular China, quien es además el líder del Partido Comunista Chino. La preocupación latente se da porque Xi Jiping venía teniendo una política cada vez más agresiva contra Hong Kong, lo que preocupada que al llegar a la presidencia esa agresión se hiciera más fuerte, cosa que efectivamente ocurrió. Para algunos analistas, lo que ocurre con el actual presidente puede verse representado de la siguiente manera:

Un país dos sistemas, una país, 1.9 sistemas, un país 1.8 sistemas. Así que es una lenta compresión de Hong Kong en las normas chinas. Eso coloca el escenario para la verdadera gran lucha que está alrededor del sufragio universal y la habilidad de los ciudadanos de Hong Kong de votar por su líder, lo cual se les prometió después de la entrega (Piscatella, 2017).  

Finalmente, la tercera oportunidad política detectada es la relacionada en apartados anteriores, cuando en el 2014, bajo la presidencia de Xi Jiping, se busca modificar la ley para que las elecciones democráticas que se darían en el 2017 en Hong Kong estuvieran mediadas por Pekín. Con la reglamentación lo que se pretendía era la creación de un comité responsable de elegir los candidatos a las elecciones democráticas. Dicha situación no fue bien recibida por líderes como Benny Tai, pues coartaba el verdadero sentido de la democracia, de elegir y poder ser elegido, pues dicho comité estaría conformado por simpatizantes del Partido Comunista Chino, lo que no era garantía de una verdadera democracia, de un verdadero ejercicio del voto popular.

Son entonces tres las oportunidades políticas detectadas de acuerdo a la revisión documental que se hizo, oportunidades que llevaron a la emergencia de un movimiento social responsable del desarrollo de La Revolución de los Paraguas, como un ejemplo de acción colectiva trasnacional, que se valió entre muchos recursos y repertorios posibles, del uso de las tecnologías de la información y la comunicación para trascender las fronteras del territorio chino y lograr, primero, una gran cobertura y atención por parte de los medios de comunicación occidentales, pero además de eso, conllevar al desarrollo de acciones que desde otras latitudes del globo, pudieran de alguna manera, apoyar y movilizar aún más la revolución que se generó en el 2014. Situación que da cuenta de cómo este tipo de activismos tiene una fuerte conexión con “la ola de globalización y su relación con la cambiante estructura de la política internacional, por una parte. Por otra, la globalización ha venido a dotar a los activistas de recursos y oportunidades para organizar coaliciones y campañas” (Tarrow en De la Torre, 2011, p.46).

A partir del contexto anterior, a continuación se presenta un  análisis sobre cómo La Revolución de los Paraguas representa un fenómeno de acción colectiva que responde a las características de las nuevas ciudadanía comunicativas que se configuran en el mundo contemporáneo, reconociendo las tecnologías de la información y la comunicación como herramientas importantes en la emergencia y fortalecimiento de este tipo de acciones o movilizaciones sociales.

2. Acción colectiva y ciudadanías comunicativas, definiciones conceptuales y revisión de la literatura

A la luz de lo expuesto anteriormente, a continuación se presenta en primera instancia las categorías de análisis que rigen esta investigación, desde la perspectiva de autores que han hecho todo un desarrollo teórico alrededor de estas. Las categorías propuestas son Acción Colectiva, concepto que se desarrolla a partir de los postulados expuestos por Sidney Tarrow, y Ciudadanías Comunicativas, que se aborda desde la teoría expuesta por Camilo Tamayo. A estas categorías de análisis se suma el concepto de Tecnologías de la Información y la Comunicación vistas como herramientas catalizadoras de las acciones de los movimientos sociales.

2.1. Movimientos sociales y acción colectiva

Para comprender el concepto de acción colectiva trasnacional, es necesario primero hablar de movimientos sociales. Al respecto, desde la revisión de la literatura realizada, ha sido el sociólogo Sidney Tarrow el que mejor ha profundizado en este concepto, definiendo los movimientos sociales como “desafíos colectivos planteados por personas que comparten objetivos comunes y solidaridad en una interacción mantenida con las élites, los oponentes y las autoridades. Esta definición tiene cuatro propiedades empíricas: desafío colectivo, objetivos comunes, solidaridad e interacción mantenida” (1997, p.21).

Los movimientos sociales entonces, desde el contexto expuesto, representan desafíos colectivos que se ponen en juego en el espacio público y que se dan no de manera gratuita si no que responden a las coyunturas políticas, sociales y económicas que surgen en un territorio, comunidad o estado en particular. Este tipo de coyunturas está determinado por lo que se conoce como oportunidades políticas. Es importante tener en cuenta que los estados represivos deprimen la acción colectiva surgida de los movimientos sociales, lo que no significa que no se den, pues es claro que los sistemas tienen fisuras y cuando logra identificarse una oportunidad, surgen movimientos (Tarrow, 1997), como La Revolución de los Paraguas en Hong Kong. Según explica el mismo autor, “el principal factor de activación lo constituyen los cambios en las oportunidades políticas, que originan nuevas oleadas de movimiento y dan forma a su despliegue […] Las oportunidades políticas son a la vez explotadas y expandidas por los movimientos sociales, transformados en acción colectiva y mantenidos por medio de estructuras de movilización y marcos culturales” (Tarrow, 1997, p.26).

A partir de lo anterior, la acción colectiva puede ser entendida como la capacidad que tienen los movimientos sociales de convocar y unir esfuerzos para hacer frente a las élites, autoridades o antagonistas sociales, a partir de la creación, coordinación y mantenimiento de una interacción de agentes sociales, que atrae a la gente a la acción colectiva por medio de repertorios conocidos pero también innovadores, que tienen como base las redes sociales y los símbolos culturales que estructuran las relaciones sociales del contexto en el que surge dicho movimiento (Tarrow, 1997). Complementario a lo anterior, Cante define la acción colectiva como “un proceso de interacción estratégica (elección interdependiente) que requiere del consentimiento moral, político o ideológico (no disidencia, indiferencia o apatía) y de la cooperación racional (no colinchamiento) de los individuos que pertenecen a una colectividad” (2007, p.155).

Lo expuesto hasta ahora alrededor de los movimientos sociales y la acción colectiva en el mundo contemporáneo se ha visto fortalecido gracias a las nuevas plataformas tecnológicas, que han permitido el intercambio de información de manera masiva, favoreciendo a su vez el surgimientos de nuevos movimientos sociales, que no necesariamente están integrados en un mismo territorio, pero que supone, sin importar las distancias o las fronteras, la defensa de unos intereses comunes. En tal caso, gracias al desarrollo tecnológico, se ha posibilitado la creación de redes de comunicación que visibilizan proyectos y valores alternativos surgidos con el objetivo de interferir en las sociedades tal como se conocen llevando a una reprogramación de estas, con el ánimo de volverlas espacios más plurales donde las relaciones de poder y contrapoder estén más equilibradas (Castells, 2009). 

Esto vigoriza la acción política de los movimientos sociales en la medida en que estas condiciones proporcionan un trabajo colaborativo a escala local, regional y global (no determinado por fronteras, potencializado por Internet), que afianza el sentido de pertenencia a movimientos sociales determinados (Tamayo, 2014, p. 162).

Para comprender con mayor detalle la acción colectiva, es importante saber de dónde procede su poder. Según explica Tarrow (1994), son tres las características potenciales de la acción colectiva que definen su poder: desafío, incertidumbre y solidaridad. Estas tres características actúan como tres piñones en engranaje directo que hace que la acción colectiva marche y se mantenga, pues el desafío a la autoridad o sistemas establecidos lleva a que haya un grado de incertidumbre al reconocerse este tipo de acciones como impredecibles, en términos de tiempo, espacio y repertorios. Este desafío colectivo lleva entonces a que haya una solidaridad que se genera al interior y que a través de los repertorios de acción existentes, el uso de las redes sociales y los símbolos culturales, se generen adhesiones y nuevos aliados, que hace que la atención aumente desde las diferentes partes involucradas (Tarrow, 1997). 

Una vez lanzada una acción colectiva en una parte de un sistema en nombre de un tipo de objetivo y por un grupo en particular, el enfrentamiento entre ese grupo y sus antagonistas ofrece modelos para la acción colectiva, marcos maestros y estructuras de movilización que dan lugar a nuevas oportunidades. Estos efectos secundarios adoptan tres formas generales: expansión de las oportunidades del grupo y de grupos afines, la dialéctica entre movimientos y contra-movimientos y la creación de oportunidades para las élites y autoridades (Tarrow, 1997, p.173).

En relación a la acción colectiva, Tarrow (1997) habla de tres grandes tipos que se han consolidado a través de la historia. Un primer tipo es el de la violencia, considerado el más antiguo. El segundo tipo es el de la manifestación pública organizada, considerada como la más recurrente por estos días y que vendría a ser la más convencional de todas. Finalmente, está el tercer tipo de acción colectiva que se define como acción directa disruptiva, que cruza la frontera entre la acción colectiva convencional y la acción colectiva violenta. En relación a este último, en el siglo XX surge la acción colectiva no violenta, que puesto en el contexto de esta investigación fue en la que se centró La Revolución de los Paraguas en Hong Kong.

Un nuevo concepto que surge hoy en día alrededor de los movimientos sociales, es el de acción colectiva trasnacional, que de acuerdo con Tarrow (2005), llama bastante la atención por la conexión que se logra generar en el ámbito global, esta situación dota a los activistas de recursos y nuevas oportunidades para organizar campañas y coaliciones a una escala internacional. Esta situación ha llevado al despliegue de un intenso juego de imaginarios y estrategias, en los que la comunicación adquiere un papel protagónico en el sentido en el que ayuda a configurar comunidades de discurso (Monasterios en Sampedro y Resina, 2010), que entremezcla lo local y lo global, posibilitando así el desarrollo de redes trasnacionales de defensa.[1]

La emergencia entonces de las tecnologías de la información y la comunicación y en ese sentido el entrelazamiento de lo local y lo global, ha posibilitado que los movimientos  se extiendan más rápidamente, demostrando que la acción colectiva tiene un repertorio universal (Tarrow, 1997).

Las tecnologías digitales han posibilitado ciertas dinámicas de reconstrucción espacial y de redescubrimiento identitario: «la extensión de Internet y su uso por organizaciones de la sociedad civil transnacional contribuye a la emergencia de una naturaleza de ciudadanía sin fronteras (Camm y Van Audenhove en Sampedro y Resina, 2010, p.145).

Finalmente, en relación a la acción colectiva trasnacional, Tarrow habla del internacionalismo como “a dense, triangular structure of relations among states actors, and international institutions, and the opportunities this produces for actors to engage in collective action at different levels of this system” (2005, p.25). De La Torre explica este concepto como un espacio de oportunidades donde los actividades locales se vinculan con otros activistas que están por fuera de la fronteras nacionales, formando así alianzas, coaliciones o redes que logran trascender las barreras espaciales, las fronteras que tradicionalmente configuran los Estados- Nación (De la Torre, 2011).

2.2. Ciudadanías comunicativas

Ciudadanías comunicativas, desde la revisión bibliográfica que se hizo, es un concepto reciente que ha sido desarrollado principalmente por Camilo Tamayo. El concepto surge, según explica el autor, porque en la actualidad los conceptos de ciudadanía y comunicación están en redefinición dados los cambios geopolíticos y socioculturales, producto de la globalización, la crisis del Estado – Nación, la sociedad en red y la crisis del proyecto de modernidad (2012), situaciones que hacen necesario la definición de un nuevo concepto que permita abordar desde una mirada amplia los comportamientos emergentes en las sociedades contemporáneas. De esta manera entonces se propone el concepto de ciudadanías comunicativas, a partir de todo un estudio teórico y metodológico, como una categoría de análisis que permite comprender las realidades que atañen las sociedades actuales.

En primera instancia es importante reconocer el concepto tradicional de ciudadanía. Según lo fundamenta Tilly, este puede entenderse como:

A continuing series of transactions between persons and agents of a given state in which each has enforceable rights and obligations uniquely by virtue of (1) the person’s membership in a exclusive category, the native – born plus the naturalized and (2) the agent’s relation to the state rather than any other authority the agent may enjoy (Tamayo, 2012, p.109).

El anterior concepto explica Tamayo, responde a una visión tradicional del mismo, pues hoy en día es posible encontrar otro tipo de experiencias de ciudadanía, que permiten crear vínculos con otras experiencias sociales, prácticas trasnacionales, flujos de información, identidades políticas y reconocimientos subjetivos (Tamayo, 2012). Estas nuevas experiencias de ser ciudadano que presenta Tamayo aquí, tienen una relación directa con los planteamientos presentados en el apartado anterior, sobre movimientos sociales y acción colectiva trasnacional.

Sin embargo, antes de abordar de manera directa el concepto es importante presentar a grandes rasgos las cinco interconexiones existentes entre comunicación y ciudadanía, que de alguna manera justifican la emergencia del concepto de ciudadanías comunicativas. La primera interconexión que se plantea es la de la función homogenizadora de la ciudadanía; la segunda tiene que ver con el papel de la comunicación y la ciudadanía como elementos claves a la hora de configurar nuevas esferas públicas democráticas, revitalizando los valores de igualdad, diversidad, respeto, solidaridad y libertad, expresados a través de los medios de comunicación desde diferentes tipos de narrativas; la tercera interconexión que se presenta es la centralidad simbólica de las tecnologías de la información y la comunicación y cómo estas han permitido a los ciudadanos desempeñar un papel mucho más activo en la esfera pública, en el sentido en el que el ciudadano tiene más recursos comunicativos para recibir información de calidad y a la vez para expresar diversos puntos de vista en la esfera pública con respecto a la realidad social, su contexto inmediato o temas públicos; la cuarta interconexión está relacionada con la necesidad urgente del surgimiento de un nuevo conjunto de derechos, que el autor presenta como derechos comunicativos:

(…) emerged as a consequence of the tension between communication and citizenship, because the new socio-communicative regime provides other ways of understanding the role of communication in the public sphere and how this new role transforms the traditional meanings of concepts such as democracy, representation, rights, duties, responsibilities and participation in contemporary social structures. Finally, the relationship between citizenship and communication can be used to try and develop a more democratic media system, and this new socio-communicative regime would highlight the central role of communication in contemporary society (Tamayo, 2012, p. 109).

De las interconexiones existentes entre ciudadanía y comunicación, estas dos últimas resultan realmente interesantes en el sentido que presentan por un lado el surgimiento de un nuevo conjunto de derechos que entrarían a sumarse a los derechos civiles, políticos, sociales y culturales ya conocidos, y que tienen que ver con la comunicación y el papel de esta dentro de la manera de entender principios que configuran los sistemas democráticos; por otro lado, la oportunidad que brinda esta reconfiguración conceptual de posibilitar a raíz de este nuevo régimen comunicativo, sistemas mediáticos más democráticos y participativos. Estos nuevos derechos comunicativos sin duda alguna son una oportunidad, “(…) where people become visible in the public sphere sharing meanings, discourses, narratives and points of view, developing different senses of symbolical, political and communicative belonging with their communities as well” (Tamayo, 2012, p.113).

Teniendo entonces claras las interconexiones existentes entre los conceptos de comunicación y ciudadanía, se presenta a continuación la definición que propone Tamayo sobre ciudadanías comunicativas. Al respecto el autor expresa que este es “an interdisciplinary concept that is concerned with the values of equality, solidarity, access to technology, respect of difference, participation, recognition, justice, information, knowledge and quality of life within a global arena” (Tamayo, 2012, p.116).

Parafraseando a Tamayo (2012), este concepto de ciudadanía comunicativa representa un nueva dimensión de la ciudadanía, donde la acción comunicativa está en el centro de la dinámica social, cuyo propósito central es el de comprender las diferentes manifestaciones, estrategias, acciones y tácticas asociadas a las luchas contemporáneas por ganar reconocimiento, significado e importancia por parte de los diferentes actores en las esferas públicas existentes.

Las ciudadanías comunicativas se componen por seis dimensiones que finalmente terminan definiendo el conjunto de derechos comunicativos del mundo contemporáneo. En la siguiente figura se presentan estas dimensiones.

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Figura 1. Relationship between communicative citizenship and rights (Tamayo, 2012, p. 117).

Las seis dimensiones que componen el concepto de ciudadanías comunicativas, constituyen a su vez el nuevo conjunto de derechos comunicativos, que han sido reconocidos como derechos de cuarta generación. En tal caso, la primera dimensión tiene que ver con la igualdad y pluralidad en las narrativas que se presentan en los medios masivos; la segunda dimensión se refiere al acceso a la información y los datos gubernamentales, que se puede representar con estrategias como Gobierno Abierto; la tercera dimensión se refiere a la libertad de discurso y de expresión; la promoción y el uso de las tecnologías de la información y la comunicación como mecanismos que posibilitan la participación directa de los ciudadanos en la soluciones de sus problemas en cuanto al desarrollo social se refiere y la posibilidad de tener esferas públicas más diversas, es la cuarta dimensión; la quinta dimensión tiene que ver con la generación de mecanismos y oportunidades que enriquezcan el debate público desde una comunicación dialógica o procesos de deliberación democrática que sean incluyentes, incrementando el compromiso cívico y participación política; finalmente, la sexta dimensión se refiere a la diversidad dentro del ecosistema de los medios de comunicación, posibilitando una democracia rica en discursos y apertura social, que contrarresta o hace frente a la hegemonía de los medios por parte de las élites o los intereses económicos (Tamayo, 2012).

Las ciudadanías comunicativas resultan ser pues una oportunidad para las sociedades en el sentido que permiten una mayor injerencia y participación en la toma de decisiones que afectan lo público, al posibilitar una serie de mecanismos y repertorios de acción colectiva que en cualquier caso puede traspasar las fronteras de los Estados – Nación, a partir del uso de símbolos y repertorios de acción que logren conectar sentidos, fomentar la solidaridad y de esta forma, luchar o hacer frente a los regímenes de poder establecidos dentro de las diversas esferas públicas que componen el espacio público.

3. Acción colectiva y ciudadanías comunicativas en el contexto de las revoluciones sociales

Como se propuso al comienzo de este artículo, el objetivo de esta investigación es analizar cómo la Revolución de los Paraguas en Hong Kong, también conocida como Occupy Central with Love and Peace, representa un fenómeno de acción colectiva trasnacional que responde a las características de las nuevas ciudadanías comunicativas que se configuran en el mundo contemporáneo. En tal caso, en el apartado anterior se abordó desde una perspectiva teórica y a partir de una revisión de la literatura, las dos categorías de análisis que fundamentan esta investigación: acción colectiva y ciudadanías comunicativas. Teniendo entonces claras las bases teóricas, se procede a continuación a aplicar dichas categorías en el contexto de La Revolución de los Paraguas, cuya hipótesis central supone que: La Revolución de los Paraguas en Hong Kong se originó a partir de la identificación de una oportunidad política que posibilitó en un sistema represivo, la generación de acciones colectivas que lograron desde el uso de diferentes plataformas tecnológicas informativas y comunicativas, trascender las fronteras territoriales para convertirse en una acción colectiva trasnacional, como un ejemplo de ciudadanías comunicativas emergentes en el mundo contemporáneo.

3.1. La Revolución de los Paraguas como una acción colectiva disruptiva   

La Revolución de los Paraguas, a la luz de la teoría, representan en gran medida los postulados básicos que comprenden el concepto de acción colectiva. En tal caso para dicho argumento, lo primero que se tendría que hacer es revisar cómo se manifiestan las tres propiedades básicas que componen la acción colectiva dentro del contexto de Hong Kong y La Revolución de los Paraguas. Antes de comenzar con este análisis, es válido indicar que Hong Kong ha sido una región caracterizada, en comparación con otros regiones chinas, por ser el centro de movilizaciones y acciones sociales, a partir del año 1997 (Zuluaga, 2014), lo que se justifica en gran medida por lo que expone Tarrow cuando expresa que “la acción no nace de los cerebros de los organizadores, sino que se inscribe y transmite culturalmente. Las convenciones aprendidas de la acción colectiva forman parte de la cultura pública de una sociedad” (Tarrow, 1994, p.50), es decir, la importancia de conocer la historia para lograr acciones trascendentales que logren tener afinidad con el contexto social.

La primera propiedad básica de las acciones es el desafío colectivo. Indudablemente las acciones surgidas en Hong Kong tenían un desafío colectivo, lograr el sufragio universal, situación que para el 2014 llevaba casi 18 años esperando y que se convertía en una promesa cada vez menos posible de cumplir por parte del gobierno chino, desde la entrega Hong Kong por parte de Gran Bretaña a la República Popular China. En palabras de uno de los líderes de este movimiento, el profesor Benny Tai, había una esperanza latente puesta en este desafío colectivo: “¿Cuál es nuestra esperanza? Esperamos que de hoy en adelante, Hong Kong entre a una nueva era” (Piscatella, 2017). El desafío colectivo emergente en Hong Kong comprendía entonces lo que Tarrow define como “la interrupción, la obstrucción o la introducción de incertidumbre en las actividades de otros” (Tarrow, 1997, p.22).

Un ejemplo de la incertidumbre que se estaba viviendo con La Revolución de los Paraguas está representada a partir de lo que narra Steve Tsang, autor de Una historia moderna de Hong Kong, cuando expresa que “se estaba generando una fuerte sensación en Hong Kong de que lo ocurrido en Pekín en 1989 podría ocurrir también aquí y la gente en Hong Kong no quiere que se repita en ningún momento” (Piscatella, 2017). A lo que se refiere el autor aquí es a lo ocurrido en Tiananmén que tuvo como centro Pekín y que consistió en una serie de protestas, lideradas por estudiantes universitarios exigiendo reformas al gobierno y que terminó con la represión total de las protestas usando la fuerza y que según reportes de la Cruz Roja China, dejó como resultados por lo menos 2.600 muertos y miles más heridos. Esta situación en particular dentro de la historia China fue constantemente rememorada en La Revolución de los Paraguas, algunos con temor de que se repitiera la historia y otros como elemento discursivo para sustentar la revolución, incluso medios de comunicación como la CNN sacaron titulares noticiosos como el siguiente: Rememorando Tiananmén, un estudiante de 17 años de Hong Kong prepara la batalla por la democracia.

La incertidumbre, segunda propiedad básica de la acción colectiva, se ve representada en La Revolución de los Paraguas, en el momento mismo en que el movimiento se toma la parte central de Hong Kong, donde se encuentran las principales sedes financieras y económicas. Esta situación lleva a la especulación, a preguntarse qué pasará, a generarse un ambiente de zozobra, por parte de los diferentes actores involucrados, simpatizantes, no simpatizantes y el gobierno. Esta propiedad es realmente importante si se revisa a la luz de lo que propone Tarrow cuando habla de la acción colectiva disruptiva y específicamente de la acción colectiva no violenta, al indicar que: 

El poder de la disrupción no violenta descansa fundamentalmente en la incertidumbre. No es violenta, pero amenaza violencia. El curso a seguir está planificado, pero su resultado depende de las reacciones de los demás, que no pueden predecirse. A menos que se mantenga bajo un estricto control, los de fuera pueden subirse al mismo tren y aprovechar los esfuerzos de los organizadores en beneficio de sus propios objetivos y tácticas (Tarrow, 1997, p.193).

La incertidumbre generada en Hong Kong llevó a situaciones como  la afectación de la economía y el comercio, tal como se había presupuestado desde un inicio, lo que significó el descontento generalizado, permitiendo de esta manera al gobierno chino identificar aquí una oportunidad para remover a los ocupantes. 

Pasando a la siguiente propiedad básica de la acción colectiva, la solidaridad, esta se pudo manifestar especialmente en la configuración de un rostro que se convirtió de alguna manera en el líder de La Revolución de los Paraguas, Joshua Wong, “había un sentido de inocencia que en realidad hace que la gente se identifique con él. Esa inocencia también avergüenza a la generación de padres que permitieron que estos niños pelearan por esto en las calles” (Steve Tsang, autor de Una historia moderna de Hong Kong en Piscatella, 2017). Adicional a este análisis otros autores expresaron que Joshua representaba la historia de Juana de Arco, tal cual, el joven que puede ver el mundo con claridad y está tan harto, no como los adultos, entra en un conflicto complicado y aclara las cosas. Se está enfrentando realmente al país más grande del mundo” Clay Shirky profesor de Estudios de Nuevos Medios en New York University.

Al respecto el mismo Joshua expresó que cuando se ocupó la parte central de Hong Kong el gobierno quiso reprimir la acción colectiva, generando miedo, sin embargo, lo que se sucedió fue todo lo contrario, la gente comenzó a salir con mayor ganas a las calles. “Se generó un sentimiento hermoso de comunidad. Lo llamo aldea. Era un lugar donde todos compartían cosas” (Joshua Wong en Piscatella, 2017). Adicionalmente, el sentimiento de solidaridad logró extenderse tanto, que nuevas tomas de espacios públicos ocurrieron en zonas diferentes al centro de Hong Kong.

De manera adicional a las tres propiedades básicas que expone Tarrow, De la Torre expone tres más al hablar de las acciones colectivas trasnacionales: diversidad ideológica de los integrantes, diversidad cultural y la imbricación local –global, que se manifiesta en los objetivos y demandas de quienes se movilizan (2011).

Si se revisa la diversidad ideológica de los integrantes de La Revolución de los Paraguas, frente al sesgo que se podría tener en estos momentos, pasados ya tres años de la misma, se plantea como punto de análisis la prensa que se generó en su momento, que desde los titulares mismos fomentaron cierta adhesión y solidaridad en su momento con respecto a la situación de Hong Kong. Es importante indicar que son medios principalmente de occidente que actuaron de cierta manera como puente entre los hechos de Hong Kong y el mundo, posibilitando esa imbricación local – global.

  • El joven que enfrenta a la china comunista – The Sydney Morning Herald. 
  • El adolescente que desafió a China – Aljazeera.
  • Joshua Wong, el joven que sacudió el futuro de Hong Kong. – The sydney Morning Herald.
  • ¿Joshua Wong, el manifestante de 17 años, derrotará a Beijing? – NBC News.
  • Rememorando Tiananmén, un estudiante de 17 años de Hong Kong prepara la batalla por la democracia. – CNN.

La participación de la prensa como elemento que logró interconexión entre Hong Kong y el mundo posibilitó la emergencia de ciertas acciones solidarias, sirviendo además como un llamado de atención para que el mundo pusiera los ojos en una región que sentía que sus derechos democráticos estaban siendo vulnerados. Puede entonces considerarse acciones colectivas trasnacionales, la publicación de libros como: El rostro de las protestas o que incluso recientemente, Netflix, una de las plataformas digitales para el consumo de contenidos on line, produjera un documental sobre La Revolución de los Paraguas y que tuvo como protagonista a Joshua Wong, que como ya se ha explicado, fue el rostro visible de los acontecimiento en Hong Kong.

Dentro del seguimiento que se hizo de La Revolución de los Paraguas, desde el mismo nombramiento del movimiento: Occupy Central with Love and Peace, hay una remisión directa a valores que representan el significado de la no violencia: amor y paz. Así mismo, el movimiento se define como un movimiento de acción directa no violento que exige el sufragio universal en Hong Kong, de conformidad con el derecho internacional, en particular el voto de una persona-un voto, y el derecho a postularse y ser elegido a cargos sin restricciones irrazonables (Occupy Central with Love and Peace, s.f.). Esta razón es suficiente para reconocer La Revolución de los Paraguas como un tipo de acción colectiva disruptiva que se fundamenta en la no violencia y que como se expuso en un apartado anterior, este tipo de acciones no son violentas pero pueden desencadenar violencia (Tarrow, 1994), ya que depende de la manera como reaccionen los diferentes actores involucrados. En tal caso, La Revolución de los Paraguas en términos de lo que define Tarrow como acción colectiva disruptiva, logró romper con la rutina en Hong Kong, sorprender a los observadores y desorientar a las élites, al menos durante los 79 días que lograron mantenerse en firme las manifestaciones. Este tipo de acciones colectivas tienen una alta dosis de innovación, lo que puede verse reflejado en el uso de los paraguas como un elemento simbólico, las luces como elementos esperanzadores en la noche, los campamentos, entre otros elementos que hicieron parte del repertorio empleado en dicha revolución, sin embargo, al final, La Revolución de los Paraguas se convirtió en un fuerza inestable que terminó degenerada en violencia (Tarrow, 1997).

La violencia que se desencadenó a partir de las protestas llevó a que líderes como Benny Tai, terminaran entregándose a las autoridades con el ánimo de disminuir las consecuencias de los enfrentamientos entre los manifestantes y el gobierno. Estas acciones llevaron finalmente a que los simpatizantes y aliados de La Revolución de los Paraguas perdieran la fe en el movimiento, y sin la fe, la acción colectiva disruptiva terminó disolviéndose.

Para cerrar entonces este apartado, vale la pena presentar algunos puntos claves para acentuar aún más La Revolución de los Paraguas como un ejemplo de acción colectiva disruptiva. Por un lado, esta revolución al tomarse el espacio público, la plaza central de Hong Kong, sentarse, caminar, levantarse, pusieron de manifestó su existencia y sus exigencias, a la vez que reforzaban la solidaridad. Por otro lado, dicha situación o disrupción llevó a obstruir actividades rutinarias de los oponentes, o en este caso, de la élite económica de Hong Kong. Finalmente, esta disrupción en el espacio público llevó a alterar las actividades públicas incomodando a la ciudadanía, como quedó en evidencia cuando la sociedad comenzó a manifestarse inconforme al observar el impacto negativo que estas acciones estaba teniendo en la economía y el comercio, siendo entonces consideradas estas acciones como un peligro para la ley o el statu quo y llevando entonces a la necesidad de una enfrentamiento directo entre el Estado y los manifestantes (Tarrow, 1997).

3.2. Ciudadanías comunicativas emergentes en un sistema democrático débil 

Partiendo de la definición de ciudadanías comunicativas, como concepto interdisciplinario que abarca los valores de igualdad, solidaridad, acceso a la tecnología, respeto de la diferencia, participación, reconocimiento, justicia, información, conocimiento y calidad de vida en un contexto de globalización (Tamayo, 2012), se analiza a continuación cómo La Revolución de los Paraguas puede ser un ejemplo de estas ciudadanías comunicativas emergentes, sobre todo en un contexto como Hong Kong, ubicado en un país cuyo sistema de gobierno de alguna manera, imposibilita la manifestación de las ciudadanías comunicativas.

En el contexto inicial de esta artículo, se explicaba cuál era la coyuntura política de Hong Kong, cuáles fueron las oportunidades políticas que llevaron a que se originara La Revolución de los Paraguas y cómo esta había logrado convertirse en una acción colectiva. Ahora bien, desde la concepción de ciudadanías comunicativas, es claro cómo desde la movilización lograda en Hong Kong, detrás de cada acción, donde la más importante fue La Revolución de los Paraguas, pero que tiene unos antecedentes importantes como las manifestaciones estudiantiles en el 2012, hay un interés claro de defender y luchar esos derechos de cuarta generación que se les están negando a los ciudadanos de Hong Kong, que por sus particularidades (un país, dos sistemas), no están dispuestos a sacrificar, a la luz del sistema comunista que impera en China e imposibilita el real desarrollo de este nuevo conjunto de derechos que representan las ciudadanías comunicativas.

Para comprender mejor el concepto de ciudadanías comunicativas puesto en el contexto de La Revolución de los Paraguas, a continuación se presentan las seis dimensiones que lo componen y que dan origen a los derechos de cuarta generación. La primera dimensión se define como Representación igualitaria y pluralidad discursiva en los medios de comunicación. Al indagar sobre la situación en Hong Kong, se pudo determinar que los medios masivos de comunicación estaban cooptados por la clase política y económica. Esta situación llevó a que los líderes de La Revolución de los Paraguas tuvieran que recurrir a plataformas tecnológicas para difundir su mensaje y lograr construir un sentido de solidaridad alrededor del objetivo común propuesto. “El uso de las plataformas virtuales, en este caso, YouTube, ayudó a que el movimiento fuera reconocido y permitió nuevos simpatizantes y aliados”, explica Joshua Wong (Piscatella, 2017). Adicionalmente, se crearon acciones en las redes sociales como el uso del hashtag #hk689, que representaba los 689 votos con los cuales fue elegido el Jefe Ejecutivo de Hong Kong, C Y Leung, que para las opiniones de los manifestantes no es representativo comparado con los 7,8 millones de habitantes que tiene esta región. Este hashtag también se convirtió en una oportunidad para rememorar los acontecimientos ocurridos a raíz de las protestas de la Plaza de Tiananmén de 1989. Se observa pues, cómo desde esta primera dimensión de las ciudadanías comunicativas hay un esfuerzo por contrarrestar la hegemonía de los medios tradicionales y en tal caso, hacer uso de estas nuevas plataformas emergentes para enriquecer el debate en el espacio público.

La segunda dimensión se refiere al acceso a la información y datos gubernamentales, que como se expresó anteriormente, está relacionado con estrategias como Gobierno Abierto de países occidentales. No se puede hablar realmente de que esta dimensión se haya reflejado en La Revolución de los Paraguas, sin embargo, hace parte de las exigencias de los manifestantes, cuyo gran propósito estaba justificado por la libertad de ideas y la libertad de expresión. “¿Cuál es nuestra esperanza? Esperamos que de hoy en adelante, Hong Kong entre a una nueva era” Benny Tai, profesor Co-organizador de La Revolución de los Paraguas. Muy en este sentido, está la tercera dimensión, garantías para la libertad de expresión, situación también que se entra a defender a través de este tipo de acciones colectivas.

En relación a la cuarta dimensión, relacionada con la promoción de la información y la comunicación para la gobernanza y el desarrollo, Tamayo indica que: “the final aims of this dimension are to use communication and mass media to empower people and communities to visualise aspirations, discover solutions to their development problems and create a more diverse public sphere through citizens media” (2012, 117). Esta es quizá la dimensión que mejor relación tiene con La Revolución de los Paraguas en lo que respecta a empoderar a las comunidades en la construcción de soluciones conjuntas alrededor de los problemas que las afectan, propiciando de esta manera esferas públicas más diversas, a través del uso y apropiación de los medios de comunicación y sistemas de información.

Esta dimensión está muy relacionada con lo que explica Castells (2009) al indicar que las tecnologías de la información y comunicación han posibilitado la masificación de la información, que ha conllevado al surgimiento de movimientos sociales que no necesariamente comparten un mismo territorio pero sí unos intereses comunes. En tal caso, esta situación ha posibilitado la constitución de redes colaborativas alrededor de unos nuevos valores que permiten reprogramar la sociedad y volverla un espacio más plural y diverso, dando pie a equilibrar las relaciones de poder y contrapoder. Estos nuevos valores que surgen en la sociedad de la información y la comunicación pueden relacionarse con los derechos de cuarta generación que se dan a partir de la emergencia de las nuevas formas de ser ciudadano o lo que define Tamayo como ciudadanías comunicativas.  

La quinta dimensión de ciudadanías comunicativas se define como generación de prácticas comunicativas participativas en las esferas públicas, que según explica Tamayo tiene que ver con la generación de mecanismos que permitan o fomenten una comunicación dialógica, que posibilite una democracia participativa donde se pueda debatir y construir de manera conjunta las políticas públicas (2012). En tal caso, Hong Kong al exigir una verdadera democracia que llevan esperando desde 1997, ha salido a las calles desde acciones colectivas como La Revolución de los Paraguas, en primera instancia, invitando al gobierno a debatir y llegar a acuerdos conjuntos, situación que de acuerdo a los resultados de dicha movilización no se pudo dar, pues la acción colectiva y sus repertorios de protesta o manifestación fueron disueltos por parte del gobierno.

Finalmente, la sexta categoría se refiere a diversidad dentro del ecosistema de los medios de comunicación, que se expresa en La Revolución de los Paraguas a partir de la manera cómo los ciudadanos hacen frente al poder hegemónico de los medios de comunicación tradicionales, llevando a la presentación de nuevas narrativas a través de medios alternativos de comunicación e información.

Las anteriores dimensiones llevan entonces a la emergencia de ese nuevo conjunto de valores que serían la razón de ser de las ciudadanías comunicativas y que reciben el nombre como ya se ha expresado, de derechos de cuarta generación. Estos derechos a partir de los postulados de Tamayo (2012), podrían resumirse en: participación, inclusión, diversidad, respeto por la diferencia, libertad de expresión, conocimiento, comunicación, acceso a la tecnología, calidad de vida y solidaridad. Estos derechos se manifiestan en mayor o menor medida en cada una de las dimensiones expuestas. En el contexto de La Revolución de los Paraguas, estos derechos se convierten más que algo garantizado, en una lucha constante por obtenerlos, donde hay una fricción permanente entre la institucionalidad y la sociedad civil, en primera instancia, por acceder a un verdadero sistema democrático pero en segunda instancia por responder a la dinámica global donde este nuevo set de derechos se convierte en una necesidad de obligatorio cumplimiento y exigencia, lo que podría justificarse en el hecho de que nuevas eras, requieren de nuevos derechos.

Para cerrar este apartado, vale la pena citar a Tamayo, cuando indica que:

Nos encontramos ante una oportunidad histórica para explorar otras vías para promover y reclamar derechos universales desde la perspectiva de las ciudadanías comunicativas, y promover recursos comunicativos a otros actores sociales, como movimientos sociales, que buscan remodelar las relaciones de poder en la estructura social (Tamayo, 2014, p.168).

4. La Revolución de los Paraguas, ¿acción colectiva para exigir derechos de cuarta generación?

A partir de la revisión bibliográfica y la aplicación de las categorías de análisis a La Revolución de los Paraguas en Hong Kong, en este apartado se presentarán los principales resultados de esta investigación.

Lo primero que valdría la pena resaltar es que La Revolución de los Paraguas cumple con las características definidas por Tarrow que sugieren que esta revolución fue un tipo de acción colectiva disruptiva que tuvo como filosofía la no violencia. Esto se sustenta en el repertorio al que recurrió el movimiento para construir un objetivo común, generar incertidumbre en los diferentes públicos involucrados y finalmente generar un sentido de solidaridad. En tal caso, la innovación estuvo en recurrir a un discurso de la no violencia para lograr mayor simpatía, conectarse con las emociones de las personas y lograr finalmente el apoyo y movilización ciudadana. En ese sentido, recurrir a estrategias de participación y movilización ciudadana, como la construcción de mensajes, diseños y símbolos que lograran construir un sentimiento de unidad, fue parte de ese repertorio de acción que se valió de nuevas formas de manifestación. 


Imagen 1. Tomada de https://goo.gl/wSJJR9. El llamado de un artista, Kacey Wong, resultó en un torrente de diseños.

Como lo explica Tarrow, la acción colectiva disruptiva tiene una gran valor que recae en su carácter innovador y el uso de símbolos culturales que permitan la conexión con los ciudadanos. En ese sentido, el paraguas que tiene un significado cultural en Hong Kong, logró convertirse, según explican diferentes analistas, por casualidad, en un elemento simbólico de La Revolución de los Paraguas. “Ingeniosamente han hecho del paraguas el símbolo del movimiento. Así que llegas a Seven-Eleven a decir: denme dos paraguas, y no se sabe si es un acto político o no, hasta que llegas a Occupy Central y los abres” (Piscatella, 2017).  

Por otro lado, las oportunidades políticas son fundamentales en el gestación de los movimientos sociales y por consiguiente en la acción colectiva, sea esta trasnacional o no. Como se explicó en la introducción de este artículo, fueron tres las oportunidades políticas identificadas que terminaron desencadenando La Revolución de los Paraguas: la implementación de Ley Nacional de Educación en Hong Kong, la editorial del profesor Benny Tai exigiendo una verdadera democracia y la modificación de la ley que reglamentaba la elección del Jefe Ejecutivo de Hong Kong y que impedía el desarrollo de una elección popular democrática y participativa.

Dado el régimen comunicativo en el que se hayan las sociedades, las tecnologías de la información y la comunicación son un elemento transversal dentro de la configuración y manifestación de las acciones colectivas, principalmente a nivel trasnacional, en el sentido que entremezcla lo global y lo local en una especie de amalgama donde las barreras espaciales no importan, solo la posibilidad generar un sentido común y una causa colectiva. En el contexto de La Revolución de los Paraguas, estas plataformas tecnologías funcionaron, primero para movilizar a la ciudadanía y ganar simpatizantes; segundo para enriquecer el debate público, generar nuevas narrativas y hacer frente al poder hegemónico de los medios tradicionales de comunicación; finalmente, para lograr una interconexión entre el contexto local y global, pues gracias al despliegue informativo se logró una solidaridad con Hong Kong a escala global, pero además de eso, lograr que el mundo pusiera los ojos sobre un territorio en particular, llevando a la generación de un sentimiento de solidaridad global, si se puede llamar así.

Desde el contexto político de la República Popular China es difícil hablar de La Revolución de los Paraguas en Hong Kong como un caso de ciudadanías comunicativas, dadas las restricciones y el autoritarismo que como se exponía en apartados anteriores, se intensifica cada vez más por parte del Pekín en este territorio específico. Sin embargo, desde los análisis realizados es posible comprender este tipo de acción colectiva como un esbozo de estas nuevas ciudadanías que se van configurando en Hong Kong y que cada vez más sienten el deseo y la necesidad de expresarse, manifestarse y exigir a través de este tipo de movilización los derechos de cuarta generación que pregona la globalización y de lo cual indudablemente, gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, regiones como Hong Kong están siendo permeadas y deseosas de obtener y defender, a pesar de su inmersión en un sistema comunista que restringe este tipo de derechos.

En contraste a lo anterior, como lo expresa Tamayo (2014), a pensar de las restricciones y fracasos que pueda estar presentando Hong Kong en relación a la manifestación de estas nuevas formas de ser ciudadano, las ciudadanías comunicativas se convierten en un oportunidad que amarrada a las acciones colectivas dan relevancia, poder y recursos a la sociedad civil para establecer relaciones y mecanismos de reclamación a las estructuras estatales, el mercado y los medios de comunicación, en esa lucha permanente por el poder político, simbólico y económico en el que se encuentran inmersos. Situación que sin duda alguna fortalece el poder que tiene la ciudadanía en la toma de decisiones que afectan lo público, que tal como lo expone Castells (2009), se convierte en esa oportunidad para favorecer la voluntad, los intereses y valores que quienes detentan el poder o logran conseguirlo.   

5. Conclusiones

La Revolución de los Paraguas en Hong Kong se originó a partir de la identificación de una oportunidad política específica que posibilitó en un sistema represivo, la generación de acciones colectivas que lograron desde el uso de diferentes plataformas tecnológicas informativas y comunicativas, trascender las fronteras territoriales para convertirse en una acción colectiva disruptiva, como un ejemplo de ciudadanías comunicativas emergentes en el mundo contemporáneo.

También se pudo concluir a partir de esta investigación, que La Revolución de los Paraguas fue claramente un ejemplo de acción colectiva disruptiva, y particularmente de acción colectiva no violenta. Como es sabido, este tipo de acciones colectivas se caracterizan por su alto grado de innovación pero también por ser inestables y finalmente terminar desencadenando violencia, que fue lo que ocurrió en Hong Kong. Sin embargo, aunque la acción colectiva fue disuelta, pasados tres años desde los hechos de La Revolución de los Paraguas, el movimiento social conformado en aquel entonces hoy se ha convertido en un partido político que lucha por llegar el poder por las vías democráticas, reconociendo que este es el mejor mecanismo para lograr desde adentro transformar el sistema represivo, representado en la política de Pekín de tener mayor injerencia en Hong Kong.

Lo anterior es interesante porque permite justamente reconocer la importancia de las acciones colectivas y su evolución en el tiempo. La Revolución de los Paraguas no es el único ejemplo de movimientos sociales que han logrado convertirse en partido político o detentar el poder, para lograr desde adentro la transformación o reconversión de los valores de una sociedad. Chile con el movimiento estudiantil es otro ejemplo de ello.

El movimiento de los paraguas demostró que solo trabajar en las calles no es suficiente, porque cuando ocupadas las calles, al gobierno le importas una mierda. Si queremos hacer la protesta real, debemos detener al gobierno. La forma de detener al gobierno es entrando al Consejo Legislativo (Piscatella, 2017).   

Lo anterior fue el argumento que llevó a que los principales líderes de La Revolución de los Paraguas crearan un partido político Demosisto. Hoy, uno de los integrantes hace parte del Consejo Legislativo (uno de los pocos espacios a los que se puede llegar de manera democrática), Nathan Law. A su vez, Joshua Wong se prepara para participar en las elecciones de 2020, para llegar también al Consejo Legislativo. Se observa entonces aquí, el verdadero poder que puede llegar a tener la acción colectiva, al posibilitar la emergencia de estructuras organizativas que logren influir en las decisiones políticas de un territorio, enriqueciendo así las esferas públicas que conforman una sociedad.

La acción colectiva trasnacional es la oportunidad que tienen los movimientos sociales para lograr interconexiones entre lo local y lo global, posibilitando luchas conjuntas que permitan las defensa de derechos e intereses colectivos. La Revolución de los Paraguas se valió principalmente de la prensa internacional y del uso de plataformas tecnologías para generar un sentido de solidaridad global que pusiera los ojos del mundo en Hong Kong y en ese sentido, ejercer mayor presión sobre el gobierno central de la República Popular de China.

El concepto de ciudadanías comunicativas ayuda en gran medida a comprender La Revolución de los Paraguas como una nueva forma de ser ciudadanos en el contexto global, sin embargo, es claro que esta situación vista en un sistema como el de la República Popular China resulta complejo y difícil de lograr, por el poder hegemónico, la restricciones civiles y la poca libertad de expresión que existe en dicho país. Hong Kong al ser de alguna manera el puente entre ambos sistemas, tiene la oportunidad de una mayor conexión con occidente y en ese sentido, reconocer en la globalización una oportunidad para reclamar y desear las posibilidades que genera esta para una sociedad, como lo son los derechos de cuarta generación.

La Revolución de los Paraguas es el resultado de una lucha civil por exigir los derechos de cuarta generación que pregona la globalización y que indudablemente sustentan la nueva forma de ser ciudadano en un contexto global. Una que sienta las bases para una sociedad que está dispuesta a luchar y exigir esos derechos de cuarta generación, que de alguna manera fundamentan el sentido de ser un ciudadano global: participación, inclusión, diversidad, respeto por la diferencia, libertad de expresión, conocimiento, comunicación, acceso a la tecnología, calidad de vida y solidaridad.

Gracias a las nuevas plataformas tecnológicas, actualmente la imagen como agente movilizador ha tomado una relevancia significativa, específicamente en espacios como las redes sociales, donde la convergencia de una cantidad significativa de imágenes (memes, fotografías, gif, postales), toman un carácter casi viral, en el sentido en el que tienen un alto despliegue, y ni qué decir, de aquellas imágenes que retratan el horror y la devastación de la guerra. Estas nuevas plataformas tecnológicas, entendidas en este caso, como medios de comunicación, han creado nuevas formas de interacción, visibilidad y difusión de la información, alterando de alguna manera el carácter simbólico de la vida social y  política a nivel mediático (Thompson, 2001). Esta situación además ha favorecido el surgimiento de nuevos regímenes de verdad, que gracias al uso de las tecnologías de la información y la comunicación, permiten que la rapidez con la que circula la información a escala global, fortalezca las campañas políticas (Domenach, 1976), que en gran medida, sin bien no fue un elemento central en esta investigación, puede reconocerse como una categoría de análisis importante para futuros trabajos, donde se pueda reconocer los movimientos sociales y la acción colectiva y el uso de repertorios de protesta, como campañas políticas en contextos no necesariamente electorales.

6. Referencias

Cante, F. (2007). Acción colectiva, metapreferencias y emociones. Cuadernos de Economía, XXVI(47), 151 – 174.

Castells, M. (2009). Comunicación y Poder. Madrid, España: Alianza Editorial.

De la Torre, V. (2011). Acción colectiva trasnacional en las teorías de los movimientos sociales y de las Relaciones Internacionales. Confines, 7(14), 45 – 72.

Domenach, J. (1976). La propaganda política. Buenos Aires, Argentina: Eudeba. 

Occupy Central with Love and Peace (s.f.). Introduction. Recuperado de https://goo.gl/d406hR

Piscatella, J. (Director). (2017). Joshua: Teenager vs. Superpower [Cinta Cinematográfica]. EE.UU.: Netflix.

Rubiano, M. (27 de mayo de 2017). Así explotó el “boom” de las consultas populares. El Espectador. Recuperado de https://goo.gl/7hnVFI

Sampedro, V. y Resina, J. (2010). Opinión pública y democracia deliberativa en la Sociedad Red. Ayer80, (4), 139 – 162.

Tamayo, C. (2012). Communicative Citizenship, preliminary approaches. Signo y pensamiento, XXX(60), 106 – 128.

Tamayo, C. (2014). Ciudadanías trasnacionales y comunicativas en contextos contemporáneos: acciones político – comunicativas de algunos movimientos sociales de Birmania e Irán. En J. Valencia y C. García (Eds.), Movimientos sociales e Internet (pp. 157 – 182). Bogotá, Colombia: Editorial Pontificia Universidad Javeriana.

Tarrow, S. (1997). El poder en movimiento: Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Madrid, España: Alianza Editorial.

Tarrow, S. (2005). The New Transnational Activism. New York, Estados Unidos: Cambridge University Press.

Thompson, J. B. (1998). Los media y el desarrollo de las sociedades modernas. En J. B. Thompson, Los media y la modernidad. Una teoría de los medios de comunicación. (pp. 69-114). Barcelona, España: Paidós

Zuluaga, J. (2014). Glocal.[Serie de televisión]. Medellín, Colombia: Telemedellín.


[1] Redes trasnacionales de defensa: es una estructura comunicativa, con interacciones complejas (procesos de negociación) a partir de las cuales, los distintos actores estratégicos persiguen enmarcar los temas de debate conforme a su visión del mundo, con el fin de lograr legitimar sus acciones. Estas redes emplean un repertorio variado de políticas, entre las que destacan tácticas como la informativa (la rápida movilización de una información hacia el lugar de mayor impacto), la simbólica (mediante símbolos que den sentido a una situación), la búsqueda de influencias (influyendo en el decisor) o la rendición de cuentas (como mecanismo de accountability social). (Sampedro y Resina, 2010, p.149).  

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